Eliza Vaughan y la Adoración por las vocaciones

Es una verdad evangélica que las vocaciones sacerdotales tienen que ser pedidas con la oración. Ejemplo particularmente significativo nos lo da la inglesa Eliza Vaughan, madre de familia y mujer dotada de espíritu sacerdotal, que rezó mucho por las vocaciones.

Eliza provenía de una familia protestante, la de los Rolls, que fundó sucesivamente la famosa industria automovilística Rolls-Royce, pero desde joven, durante su permanencia y educación en Francia, quedó muy impresionada por el ejemplar compromiso de la Iglesia católica con los pobres.

eliza vaughan

Eliza Vaughan

En el verano del 1830, después de su matrimonio con el coronel John Francis Vaughan, Eliza, pese a la fuerte resistencia de sus parientes, se convirtió al catolicismo. Había tomado esta decisión con convicción y no sólo porque había entrado a formar parte de una conocida familia inglesa de tradición católica.

Los antepasados Vaughan, durante la persecución a los católicos ingleses bajo el reino de Isabel I (1558-1603), habían aceptado la expropiación de los bienes y la cárcel en lugar de renunciar a su fe. Courtfield, la residencia originaria de la familia del esposo, durante las décadas del terror, se volvió un refugio para sacerdotes perseguidos, un lugar donde en secreto se celebraba la Santa Misa. Desde entonces pasaron casi tres siglos, pero nada cambió en el espíritu católico de la familia.

La madre adoradora

Convertida en lo profundo del corazón y llena de ímpetu, Eliza propuso al marido dar sus hijos a Dios. Esta mujer de elevadas virtudes rezaba cada día durante una hora delante del Santísimo Sacramento en la capilla de la residencia de Courtfield, pidiéndole a Dios una familia numerosa y muchas vocaciones religiosas entre sus hijos. ¡Fue atendida! De los 13 hijos que vivieron, entre los cuales ocho varones, seis se ordenaron sacerdotes: dos en órdenes religiosas, un sacerdote diocesano, uno obispo, un arzobispo y un cardenal. De las cinco hijas, cuatro fueron consagradas religiosas.

Todos los hijos de la familia Vaughan tuvieron una infancia feliz, porque en la educación su santa madre sabía unir de manera natural la vida espiritual y las obligaciones religiosas con las diversiones y la alegría.

Por voluntad de la madre, formaban parte de la vida cotidiana la oración y la Santa Misa en la capilla doméstica, como también la música, el deporte, el teatro no profesional, la equitación y los juegos. Los hijos no se aburrían cuando la madre les contaba la vida de los santos, que lentamente se volvieron para ellos íntimos amigos.

También se hacía acompañar por sus hijos durante las visitas a los vecinos enfermos y a los que sufrían, para que en estas ocasiones pudieran aprender a ser generosos, a realizar sacrificios, a donar a los pobres sus ahorros o los juguetes.

Eliza murió en 1853 poco después del nacimiento del decimocuarto hijo, John. Dos meses después de su muerte, el coronel Vaughan, convencido que ella había sido un don de la Providencia, escribió en una carta:

“Hoy, durante la adoración, agradecí al Señor, porque pude devolverle mi amada esposa. Le abrí mi corazón con gratitud por haberme dado a Eliza como modelo y guía; a ella me une todavía un vínculo espiritual inseparable. ¡Qué consuelo maravilloso y cuánta gracia me transmite! Todavía la veo como siempre la vi delante de Santísimo, con su pura y humana gentileza, que le iluminaba el rostro durante la oración”.

En la actualidad Courtfield, donde fue enterrada Eliza Vaughan, es un centro para ejercicios espirituales de la diócesis inglesa de Cardiff. Inspirándose en la santa vida de esta madre de familia, en 1954 la capilla doméstica fue consagrada por el obispo como “Santuario de Nuestra Señora de las vocaciones”, título que fue confirmado en el 2000.


Fuente: Congregación para el Clero, Roma

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