Era un destacado líder Presbiteriano y se enamoró de Cristo “en el Santísimo Sacramento”

Era un destacado líder Presbiteriano y se enamoró de Cristo “en el Santísimo Sacramento”
Anticatólico desde la cuna, Scott Hahn “pensaba que, si las hostias que los católicos adoraban en el altar no eran Dios, entonces eran idólatras; eran paganos; había que compadecerse de ellos y oponerse a ellos”.

La familia del norteamericano Scott Hahn no era muy devota y está convencido que sus padres Molly Lou y Fred Hahn lo bautizaron “como presbiteriano… más por razones sociales que por unas convicciones profundas”, cuenta él mismo en la página 17 de su libro biográfico Roma Dulce Hogar (traducción del best seller original en inglés Rome Sweet Home).

Durante la adolescencia, su carácter apasionado —admite Scott— le llevó a rendir cuentas ante la justicia… “siendo catalogado como delincuente”, recuerda. Luego de evitar ir a la cárcel, casi de milagro, aprendería la lección y en los años posteriores su vida estaría centrada en la fe presbiteriana.

Sincera convicción anti-católica

Por la formación recibida, señala Scott en su libro, llegó a estar honestamente convencido de que debía combatir a la iglesia católica. Así lo describe también en un reciente artículo testimonial que ha publicado en The Coming Home Network: “Trabajé duro para que los católicos abandonaran la Iglesia… Pensaba que, si las hostias que los católicos adoraban en el altar no eran Dios, entonces eran idólatras; eran paganos; había que compadecerse de ellos y oponerse a ellos”.

Aquel celo por la fe mostraría cuán extremo podía llegar a ser, reconoce, cuando falleció su abuela. La recuerda humilde, discreta, virtuosa, pero vivía en un error que él lamentaba: era la única católica de su familia. Nada más haber muerto y como un gesto afectuoso, el padre de Scott le regaló los objetos religiosos de su abuela… “Los miré con repugnancia y horror. Tomé el Rosario entre mis manos y lo rompí, diciendo: «Dios mío, líbrala de las cadenas del catolicismo que la han tenido aprisionada». También rompí sus libros de oración y los tiré a la basura, esperando que esa superstición sin sentido no hubiera condenado su alma. Me habían enseñado a ver esas cosas como un exceso de equipaje inventado por los hombres para complicar un Evangelio salvador y muy simple. No siento el menor orgullo de haber actuado así, pero lo cuento para hacer ver lo profundas y sinceras que son las convicciones anti-católicas de muchos cristianos «de Biblia». Yo no era anti-católico por un fanatismo malhumorado, sino por convicción”, confidencia Scott Hahn en la página 23 de su libro.

La gestación del líder

Durante la secundaria ya se anunciaba el rumbo que tomaría su vida cuando escribió un artículo que tituló Sola Fide… expresión en latín usada por Martín Lutero como exhortación medular de la Reforma Protestante. Los años de Universidad estudió una tripleta académica: Filosofía, Teología con mención en las Escrituras y Economía; mientras en sus tiempos libres, realizaba un abierto proselitismo anticatólico buscando captar para su fe protestante a cuanto niño o joven pudiese. En esta cruzada se relacionó con otros universitarios tan apasionados como él y entre ellos sus ojos se fijaron en Kimberly, “la más bella del campus”. El ministerio común fortaleció el vínculo y se casaron al egresar de la universidad.

Desde su juventud, relata Scott, podía sentir “la acción del Espíritu Santo de una forma personal y vivificante”, y como consecuencia llegó a experimentar “un hambre insaciable de la Escritura. Me enamoré perdidamente de la Palabra de Dios”, afirma. Esta experiencia íntima —que compartía con su esposa— le sostuvo y nutrió de tal forma que al paso de los años se consolidó como un ferviente ministro Presbiteriano y respetado Profesor de Teología en un gran seminario Protestante de los Estados Unidos.

Sin embargo, esa misma necesidad de ser fiel a la verdad señalada en las Escrituras, movería el eje de su existencia de manera radical. A más estudiaba y oraba, los errores del protestantismo fueron quedando en evidencia ante él, y sentía temor.

Alianza

La doctrina de la Alianza fue uno de los puntos de inflexión… “Descubrí que, para Lutero y para prácticamente todo el cristianismo bíblico y el protestantismo, Dios es un juez, y la Alianza es una escena de tribunal en la que todos nosotros somos criminales culpables”.

A través de su propia reflexión teológica, lecturas, conversaciones con pares académicos, entre otras instancias, enfrentó un terremoto espiritual al concluir que esa doctrina no tenía raíz en las enseñanzas de Jesús. “Dios no es simplemente un juez; Dios es un padre, y sus juicios son paternales. Cristo no es sólo alguien que representa a una víctima inocente que asume nuestra culpa, nuestro castigo; …Cristo nos da su propia filiación, para que realmente lleguemos a ser hijos de Dios”.

Eucaristía

A la luz de esta íntima familiaridad, alianza, con Dios releyó el capítulo 6 del Evangelio de Juan y recibió una nueva revelación… Y es que Jesús no hablaba en sentido figurado —como le habían enseñado en la fe protestante— cuando dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él». Precisamente por esta afirmación, comenta Scott, miles de discípulos lo abandonaron y Jesús habría estado moralmente obligado como maestro a detenerlos y advertir que hablaba en sentido figurado. En lugar de ello mira a sus apóstoles y les pregunta si también se van a marchar y entonces Pedro, destaca Scott, manifiesta su fe…:

“La declaración de Pedro «¿A quién vamos a ir?» implica: creemos en todo lo que dices, aunque no lo entendamos completamente”. Jesús “no lo dijo en sentido figurado”, concluyó, comprendiendo que por ello también “en la Iglesia primitiva, durante más de 700 años, nadie en ningún lugar cuestionaba el significado de las palabras de Jesús. Los primeros Padres de la Iglesia tomaron las palabras de Jesús al pie de la letra. Creyeron y enseñaron la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Estaba asustado; no sabía a quién acudir”.

Iniciando el regreso a casa

Unos meses después, salió una noche de su escritorio y sin preámbulos le dijo a su esposa lo que hacía tiempo latía en su corazón: “Kimberly, no estoy seguro, pero estoy empezando a pensar que Dios podría estar llamándome a ser católico romano”. Una mirada de desesperación —confidencia— se apoderó de ella.

En los meses siguientes algunos amigos, eruditos teólogos protestantes que apreciaban a Scott, lo escucharon. Lejos de lograr derribar sus certezas quedaban sorprendidos con la verdad que latía en las argumentaciones teológicas que les transmitía. El paso siguiente fue ingresar a estudiar un doctorado en una facultad de teología católica, por dos años, en la Universidad Marquette de Milwaukee.

A Jesús por María

Hasta ahora, toda la evolución en la fe de Scott se fundaba en sus estudios teológicos, la razón puesta al servicio de la fe. Dios le regalaría también la certeza en el alma, el fervor, la devoción, y se serviría para ello de la Santísima Virgen María.

Fue una moción espiritual que siguió nada más hacerla consciente y por ello, cuenta, empezó a rezar el Rosario. “Tenía mucho miedo de hacer esto. Le pedí al Señor que no se ofendiera mientras lo intentaba. Procedí a orar, y a medida que oraba sentí más en mi corazón lo que había llegado a saber en mi mente, que soy un hijo de Dios. No sólo tengo a Dios como mi Padre y a Cristo como mi hermano; también tengo a Su Madre para mí”.

Chris, un amigo que había oído de lo que estaba viviendo le llamó un día y al escuchar que rezaba el rosario, lo reprendió preguntándole si acaso adoraba a María como los católicos. Y Scott salió entonces en defensa de la verdad… “Le dije: «No adoran a María, la honran». Cuando Cristo aceptó el llamado de su Padre a hacerse hombre, aceptó la responsabilidad de obedecer la Ley, la ley moral que se resume en los Diez Mandamientos. Hay un mandamiento que dice: «Honra a tu padre y a tu madre». Chris, en el hebreo original, esa palabra, «honor», kaboda en hebreo, significa glorificar, otorgar cualquier gloria y honor que tengas a tu padre y a tu madre. Cristo cumplió esa ley más perfectamente que cualquier otro ser humano al otorgar Su gloria a Su Padre celestial y al tomar Su propia gloria divina y honrar a Su Madre con ella. Todo lo que hacemos en el Rosario, Chris, es imitar a Cristo, que honra a su Madre con su propia gloria. La honramos con la gloria de Cristo”.

Enamorado de Cristo en el Santísimo Sacramento

La segunda experiencia íntima de Dios fue cuando un día silenciosamente “recuerda” se coló en la capilla de la Universidad, la Capilla Gesu, durante la misa del mediodía. Scott nunca había ido a misa antes. Se sentó en el banco de atrás diciéndose que ahí oculto se quedaría, en silencio, como un mero observador. “Me sorprendió cuando cerca de 80 o 100 personas comunes y corrientes iban entrando, hacían una genuflexión, se arrodillaban y rezaban. Entonces sonó una campana, todos se pusieron de pie y comenzó la misa. Nunca lo había visto antes. La Liturgia de la Palabra fue tan rica… las oraciones estaban empapadas de lenguaje bíblico… fue como si la Biblia cobrara vida… Entonces comenzó la Liturgia de la Eucaristía. Observé y escuché cómo el sacerdote pronunciaba las palabras de consagración y elevaba la hostia. Y confieso que la última gota de duda desapareció en ese momento. Miré y dije: «Señor mío y Dios mío». Cuando la gente comenzó a recibir la Comunión, yo literalmente empecé a babear. Señor, te deseo. Quiero una comunión más plena con vosotros. Has entrado en mi corazón. Tú eres mi Salvador y Señor personal, pero ahora pienso que Tú quieres venir a mi lengua y a mi estómago y a mi cuerpo y a mi alma hasta que esta comunión sea completa”.

Las semanas siguientes esta fe, esta certeza de Dios lo desbordaba todo… “Estaba totalmente enamorado de Cristo y de su presencia real en el Santísimo Sacramento. Se convirtió en la fuente, la cima y el clímax de cada día…”.

En la Misa de la Vigilia de Pascua del año 1986 Scott Hahn, acompañado por su esposa, recibió lo que familiarmente gusta llamar su Grand Slam Sacramental: “Bautismo, primera Confesión, Confirmación, y luego, alabado sea Dios, Santa Comunión”. Poco a poco el Espíritu Santo, dice, se encargaría también de la conversión de su esposa Kimberly.


Fuente: Portaluz.org

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