San Maximiliano Kolbe y la Adoración Eucarística

La sexta carta escrita por Monseñor Ramírez al padre Tomás Naval es particularmente fogosa y elocuente, meditando en la figura de San Maximiliano Kolbe y su amor al Santísimo Sacramento:

Fiesta de San Maximiliano Kolbe, 14 de agosto de 1993

Querido padre Tomás:

kolbe adoración eucarística

San Maximiliano Kolbe

Mi carta de hoy se refiere a un vuelo que tomé de Manila a Cebú. Antes de abordarlo, presencié algo que realmente me conmovió. Una mujer llamada Ángela estaba en la lista de espera. Le rogaba al empleado exponiendo su caso: su padre estaba muy enfermo y ella necesitaba estar a su lado. Pero no había nada que hacer. El vuelo estaba completamente lleno y Ángela tendría que esperar tres o cuatro días para poder confirmar su asiento. Entonces pasó algo fantástico: un joven se acercó y le dio a Ángela su reserva. Estaba dispuesto a esperar en ese incómodo y caluroso aeropuerto para que Ángela pudiera acudir al lado de su padre.

Luego, mientras pensaba en la generosidad del joven, recordé a San Maximiliano Kolbe, el sacerdote que dio su vida por otro prisionero en Auschwitz. ¡Cuánto más emotivo y generoso fue su acto! Estuvo dispuesto a morir para que un compañero preso que tenía familia pudiera salvarse.

Destacado por su heroico sacrificio y gran trabajo misionero, fundador del movimiento Milicia de la Inmaculada, el Padre Kolbe fue uno de los primeros santos canonizados por Juan Pablo II. La razón obvia es que su vida fue un milagro de generosidad.

¿Qué inspiró a Maximiliano Kolbe? Fue el Santísimo Sacramento, querido Tomás. En la comunidad de Niepokalanow le habló a sus hermanos sobre Jesús Sacramentado como “el Hermano mayor, el Novio de las almas, presente en la Eucaristía; Él nos hace sus hermanos, Él estimula nuestros corazones con un amor recíproco”.

El padre Maximiliano fomentó la adoración del Santísimo Sacramento como “la actividad más importante”. Soñaba con tener al Señor Jesús expuesto día y noche en la Custodia de la capilla de Niepokalanow. En 1938 declaró: “Mi objetivo es instaurar la adoración perpetua. Cuando nos acercamos a la capilla, adquirimos para nosotros y para los demás muchas gracias, especialmente si dedicamos el día entero a la Adoración del Santísimo Sacramento. Con esta adoración se hace un tremendo bien”. Y hablando de la Adoración Perpetua, añadió: “allí fluye un caudal ininterrumpido de oración. La oración es el poder más grande del universo, capaz de transformar a cada uno de nosotros, capaz de cambiar la faz de la tierra”.

Kolbe_InmaculadaEn 1920, el Padre Maximiliano tomó la determinación de visitar al Santísimo treinta veces al día. Esto fue lo que le inspiró al a dar su vida. Innumerables veces había meditado sobre esta verdad en presencia de nuestro Salvador. Jesús eligió la muerte en la cruz para que pudiéramos tener la plenitud de Su Vida en el Santísimo Sacramento. Eligió ser odiado para que podamos llenarnos con Su amor; eligió ser herido al punto de quedar desfigurado para que podamos ser sanados perfectamente; eligió las tinieblas del terrible abismo para que podamos tener la luz y la alegría de Su Presencia Real; eligió la agonía de ser totalmente abandonado por el cielo para que podamos tenerlo siempre a Él con nosotros en la tierra.

El Padre Kolbe había dicho a sus hermanos: “Todos los hermanos menores deben tratar de imitar al Hermano Mayor, Jesús en el Santísimo Sacramento”. Y esto es lo que hizo él mismo cuando intercambió su vida por la de su compañero de prisión. El efecto más grande de su devoción al Santísimo Sacramento fue la IMITACIÓN. Puede que no estemos llamados a tan dramático acto de generosidad, pero cada día somos invitados a muchos pequeños actos de desprendimiento, por lo que todos deberíamos sentirnos motivados, influenciados e impulsados por el acto más grande de generosidad, el testimonio del generoso Amor de Jesús en el Santísimo Sacramento.


Mons. Josefino Ramírez

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