Hizo un viaje a contragusto, conoció la Adoración… y dejó el budismo

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Monthita, tailandesa, creció en una familia budista muy practicante. Al llegar a la edad adulta, un encuentro imprimió a su vida una trayectoria muy distinta, como cuenta ella misma en L’1visible.

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Nací en una familia budista muy practicante y conocía la religión católica a través del colegio.

¡A Francia no!

Un día, una francesa que vivía en Tailandia me propuso ir a Francia para aprender el idioma. Pero no me gustaban ni Francia ni los franceses. ¡Siempre había dicho que jamás en la vida iría a Francia! Pero al fin acepté y ella me llevó a un lugar de peregrinación.

Algo “raro”

La primera noche noté algo raro: al frente de nuestro hotel había un lugar donde yo veía entrar a muchísimas personas. Me preguntaba qué era y por qué todas esas personas iban ahí. Así que decidí hacer lo mismo.

Allí vi una cosa circular expuesta en mitad del lugar. Y todo el mundo arrodillado ante ella. Rápidamente, sin saber por qué, comprendí interiormente que era Jesús quien estaba ahí, presente, delante de mí. Yo también me arrodillé y comencé a rezar, aunque realmente no sabía cómo hacerlo.

Entonces sentí que Dios me amaba profundamente, a mí, personalmente. Y de repente deseé ser católica.

Pero para nosotros, los budistas, no es fácil abandonar nuestra religión. Conque –me dije– seré budista y católica a la vez. Pregunté entonces a varios sacerdotes qué les parecía. Todos me explicaron que no era posible ser a la vez budista y católica. Me sentía muy triste.

Un hermoso camino

Una vez en París, tenía sed de ir a misa. ¡Iba tres veces al día! ¡Estaba tan feliz de haber descubierto a Jesús y el amor de Dios por mí…! Tras recorrer mi camino, en 2006 fui bautizada en un pueblecito de Francia.

Tres años después profundicé en mi fe en una escuela cristiana para adultos jóvenes. Consagré nueve meses a profundizar en mi fe. ¡Qué alegría! Y luego, mi camino continuó.

Regresé a mi país como cristiana. En 2015 fui madrina de confirmación de Simone. Era mi primera ahijada. Este año fui madrina de bautismo de mi prima Agnès-Marie, quien, como yo, era también budista practicante y se hizo católica. ¡Fue bautizada en la misma fecha que yo! Y, como summum de felicidad, también fui madrina de Albane, la hija menor de unos amigos franceses.

Nada que temer

Desde el día de mi bautizo me dije: “Voy a dejar que Dios conduzca mi vida”. A veces no es fácil. Pero, para mí, Dios es mi padre. Él sabe todo sobre mi vida. Él me ha creado, así que nada temo. ¡Me eligió para ser cristiana y así poder dar testimonio ante los demás de su Buena Nueva y proclamarla! “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Unigénito a fin de que todo el que crea en Él no perezca, sino alcance la vida eterna” (Jn 3, 16).

Mis amigos budistas me suelen preguntar: “Pero, Monthita, siempre estás sonriente, ¿cómo lo haces?”. Y yo les respondo: Soy feliz porque sé que Dios me ama. ¡Y también los ama a ustedes! ¡Créanlo y serán felices!”.

(Traducción del francés de Carmelo López-Arias)


Fuente: ReL

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