La Fe, lazo de amor entre generaciones: Testimonio Eucarístico

Vengo de una familia profundamente católica. Hoy, en el ocaso de mi vida, los más bellos recuerdos tienen que ver con mi fe.

Grabados en mi mente y en mi corazón están el rosario de cada día; el mes de María, que se rezaba en casa previa preparación de un lindo altar, el rosario de la aurora que rezábamos de madrugada cada sábado por las calles de la Parroquia; las obras sociales que hacíamos tanto en las poblaciones como en la parroquia. Hago esta breve introducción para mejor comprensión de lo que voy a relatar:

Tengo 4 hijos y 8 nietos: buenos, generosos, correctos y sanos, pero cada uno vive la religión y la fe a su manera; salvo dos, ninguno tiene un gran compromiso con el Señor; lo que me preocupa y produce profunda tristeza; además me cuestiono si no tuve sabiduría para inculcarles la maravillosa fe que recibí de mi madre.

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La mayor de mis hijas, al poco tiempo de casarse, debió enfrentar un duro revés: su esposo enfermó de esclerosis múltiple. Necesitaba mucha ayuda, apoyo y compañía. Luego de grandes esfuerzos médicos lograron tener unos mellizos maravillosos, Tomás y Francesca. Dado las difíciles circunstancias nos hicimos cargo de los niños, que desde el primer día fueron la alegría de nuestra vida. Hace dos años mi hija enviudó y la empresa para la cual trabaja la trasladó a Estados Unidos.

Cuando los mellizos cumplieron 16 años, en el colegio se organizaron las confirmaciones, pero Tomás no quiso prepararse porque confesó honestamente “no creer”. Fue como una puñalada en mi corazón. Desde entonces y dada mi cercanía con él hemos conversado mucho, le he regalado libros de formación, textos de San Agustín; pero nada le ha llegado al corazón.

En paralelo no he dejado de orar. Cada lunes, en mi hora de adoración ocupo gran parte de mi tiempo a rezar por él. Le pido con todo mi corazón a Dios y a la Santísima Virgen que no le prive a un ser tan bueno el regalo maravilloso de la fe. Le he pedido a mi buen Jesús, que antes de morir tenga la dicha de saber que mi querido nieto conoce las grandezas de la fe.

Cuando trasladaron a mi hija, Tomás ingresó a la Universidad de St. Paul que queda al lado de la hermosa Catedral. Aproveché esta providencial circunstancia para motivarlo a que conociera la Catedral. Fue una vez y quedó gratamente impresionado. En otra oportunidad le dije: “Jesús espera cada día tu visita”, te invita a tomarte un cafecito y a conversar. En otra oportunidad le recordé que Dios es un amigo incondicional y que siempre lo espera. He tratado de usar mi imaginación para motivarlo, sin presionar, a visitar la casa del Señor. Siempre tuve la sensación que ése era el camino. Cuando me llama o escribe me cuenta que ha ido varias veces. Mientras tanto, yo sigo orando y aprovechando la Adoración para ponerlo en manos de mi buen Dios.

En la última comunicación me contó que conoció a una niña de Brasil. Transcribo lo que me dice:

“Últimamente he ido un par de veces a visitar la Catedral, pero te cuento que hace poco conocí una brasileña y estamos saliendo. Ella y su familia son todos muy religiosos y van cada semana a Misa. Es realmente amorosa y de a poco ella también me ha estado ayudando a mi cercanía con Dios.”

Deduzco que él quiere tener fe y mi corazón de abuela me dice que la joven brasileña es el ángel que Dios envió para ayudarme a lograr la meta. Tengo la certeza que mi visita al Santísimo cada semana, mis oraciones y la confianza en el Señor empiezan a dar sus frutos.

Parroquia Santa Gema Galgani, Ñuñoa

Parroquia Santa Gema Galgani, Ñuñoa

Antes de terminar deseo agregar que siempre estaré agradecida del Padre Carlos [Cano] por el maravilloso regalo de la Capilla de Adoración y por darnos la oportunidad de tener una hora de encuentro con Dios, que se ha transformado, para mí en la hora más valiosa e importante de la semana.

Gloria Galindo Ovalle – adoradora en parroquia Santa Gema Galgani