La consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar fue realizada el 2 de julio de 1899, un momento histórico tan álgido como el actual. A 118 años de ese crucial episodio religioso, la consagración sigue motivando intensas jornadas de oración y compromisos de vida cristiana a pesar de la severa crisis social y política que se viven en el país tropical.
“Después de la difícil situación que debió afrontar la Iglesia durante la Independencia y la primera época republicana, y en vista de las nuevas perspectivas que se vislumbraban, surgió la iniciativa de consagrar la República al Santísimo Sacramento”, dice el presbítero Miles Eduardo Useche Juliá en su blog.
El culto a Jesús Sacramentado estaba teniendo entonces gran incremento, especialmente gracias a la fundación de la adoración perpetua en la Iglesia de Las Mercedes, en Caracas, en 1882. “El principal propulsor de la consagración oficial fue Juan Bautista Castro (1904-1915), capellán de la Santa Capilla, hombre ilustre por muchos títulos”, dice.
El presbítero Juan Bautista Castro más tarde se convierte en el 8º Arzobispo de Caracas, y para preparar este homenaje fue constituida una junta nacional, la cual solicitó del Episcopado, que consagrara a perpetuidad la República a Jesús Sacramentado. La petición fue unánimemente acogida por los obispos, y el 2 de julio de 1899 el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, leyó el Acto de la Consagración.
Acto de Consagración de la República de Venezuela
al Santísimo Sacramento del Altar
“Soberano Señor del Universo y Redentor del mundo, clementísimo Jesús, que por un prodigio inenarrable de tu caridad te has quedado entre nosotros en este Sacramento hasta el fin de los siglos; aquí venimos a tus pies a proclamarte solemnemente y a la faz del cielo y de la tierra, nuestro único Rey y Dominador Santísimo, a quien consagramos todos nuestros afectos y servicios, y en quien ponemos todas nuestras esperanzas. Tú eres nuestro Dios, y no tendremos otro alguno delante de Ti. En tus manos ponemos nuestra suerte, y con ella los destinos de nuestra Patria.
“Mucho te hemos ofendido, y como el hijo pródigo, hemos disipado en los desórdenes tu herencia. Perdónanos, que ya volvemos con espíritu contrito a tu casa y a tus brazos. Recíbenos, Salvador nuestro, y concédenos que venga a nosotros Tu Reino Eucarístico. Levanta bien alto Tu Trono en nuestra república, a fin de que en ella te veas glorificado por singular manera, y sea honra nuestra, de distinción inapreciable, el llamarnos Venezuela, la República del Santísimo Sacramento.
“Te entregamos cuanto somos y cuanto tenemos. Cubre nuestra ofrenda con tu mirada paternal, y hazla aceptable y valiosa en Tu Divina Presencia. Una vez más te pedimos que nos recibas, que no nos deseches, y que este acto de nuestro y de nuestra gratitud sea repetido cada vez con mayor fervor, de generación en generación, mientras Venezuela exista, para que jamás la apartes de Tu Sagrado Corazón. Que así sea para nuestra vida y por toda la eternidad, por los siglos de los siglos.”
Renovados en el IV Congreso Eucarístico
Cabe recordar que el domingo 26 de junio de 2011, como parte conclusiva del IV Congreso Eucarístico de Venezuela, que ese año se realizó en Caracas del 23 al 26 de junio, también se cumplió con la renovación de este acto de consagración al Santísimo Sacramento e igualmente se consagró el país a la Virgen de Coromoto.
A la eucaristía asistieron alrededor de 20.000 feligreses que se sumaron a los más de 1.400 delegados participantes de este congreso eucarístico, así como a los obispos venezolanos y al nuncio apostólico de entonces, el ahora cardenal Pietro Parolín.
Desde entonces, entre los compromisos del VI Congreso Eucarístico está impulsar actividades que fortalezcan la fe cristiana; fomentar la creación de Cofradías del Santísimo; y promover vocaciones sacerdotales y religiosas, porque a decir del cardenal Jorge Urosa Savino: “En esto nos jugamos el futuro de la Iglesia en Venezuela”.
Fuente: Aleteia / Comunidad Hijos de María Santísima