Rey de Amor

Rey de Amor

Viernes Santo, 1/4/1994

Cuando el Cardenal Sin [*] recibe algún elogio, bromeando él relata la historia de la entrada de Jesús en Jerusalén. “Jesús montaba un burro cuando entró en la ciudad. La gente empezó a cantar mientras desplegaban sus mantos sobre el camino por donde Él debería pasar, recibiéndolo en nombre de Dios.

“El pobre burro pensó que todas las alabanzas y ovaciones eran para él. No sabía que eran para Jesús que estaba montado sobre él”.

Todos nos podemos reír del humor de este relato porque nos hace pensar en la naturaleza humana. Por ejemplo, los que no quieren la adoración perpetua en su parroquia me recuerdan al burro. Son como los fariseos, que querían las alabanzas para ellos, pero se las negaban a Cristo.

¿O piensan que Jesús no se lo merece? La adoración perpetua es la alabanza por todo lo que Jesús hizo por nuestra salvación.

El Viernes Santo es el precio que pagó al instituir la Eucaristía la noche anterior. Primero el banquete, después la cuenta. Jesús dio su Cuerpo en la cruz por amor a nosotros, para podernos dar su Cuerpo y todo su Amor en la Sagrada Comunión. La Eucaristía es Jesús, Rey de Amor.
Jesús fue levantado en la cruz con odio porque no querían que fuera su Rey. “Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: Este es Jesús, el Rey de los judíos” (Mt 27, 27).

Él es levantado con amor por medio de la adoración perpetua. Por nuestra adoración a Jesús en la Custodia, hacemos que derrame sobre la parroquia y el mundo las gracias y méritos de la Cruz. “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32).

Acercándonos a Él con incesantes alabanzas, le decimos al mundo: ¡Este es Jesús nuestro adorable Rey de Amor!

Por medio de la adoración perpetua lo proclamamos Rey dándole el honor que realmente merece. Lo sacamos de la cruz de la vergüenza y reemplazamos la corona de espinas con un trono de gloria rodeándolo de amor día y noche.

Cuando toda la Iglesia lo proclame Rey mediante una renovación Eucarística, cuando cada parroquia tenga adoración perpetua, entonces Él restaurará su Reino y renovará la faz de la tierra.